Santa Isabel de Aragón y San Joaquín

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FRAILES MÍNIMOS

 QUIEN SON LOS FRAILES MÍNIMOS

 

Esta es la imagen espiritual de los frailes mínimos de S. Francisco de Paula:

 

El fraile mínimo es un hombre que se reconoce a sí mismo como don de Dios. Acepta la propia fragilidad. No tiene miedo de mirarse tal y como es, es decir, necesitado de perfección. Sólo quien aprende a conocerse a sí mismo, puede tener un encuentro positivo con los demás, con la naturaleza, con Dios. El "mínimo" es un hombre que vive su humanidad junto a los otros.

 

Sin la relación con un "tú" no se puede ser persona auténtica. El fraile mínimo, al acoger a los demás, descubre la posibilidad de construir una comunidad de hijos de Dios. Para él la relación con Dios es la relación fundamental y privilegiada que da sentido a su vida; y Dios no es un Dios lejano e inaccesible, sino el Dios-con-nosotros, el Dios que se ha hecho hombre y compañero de camino.

 

El fraile mínimo no se coloca fuera de la trama social, ni mucho menos es sólo espectador de los acontecimientos humanos. Su relación con el mundo no es de contraposición, ni de huida, sino de escucha, de intercambio y diálogo. Él está en el mundo aunque no es del mundo, para ayudar al mundo a mirar y a caminar más allá de la historia.

 

La Orden no tuvo regla aprobada hasta 1493, cuando el Papa Alejandro VI emanó la bula Meritis religiosae vitae. Esta Regla fue sometida a modificaciones aprobadas en 1501 y 1502 por el mismo Papa. Más tarde, en 1506, el Papa Julio II aprobó la versión definitiva de la regla con diez capítulos. En ella se contiene el voto de vita quadragesimalis, que es considerada la característica que distingue a la Orden de los Mínimos. La regla impone una abstinencia total y perpetua de todo tipo de carne, excepto en caso de grave enfermedad, por prescripción médica y con la anuencia del superior.

 

La Orden de los Mínimos se expandió por Italia en el siglo XV y fue introducida en Francia en 1483, para llegar más tarde a España en 1492 y a Alemania en 1497. En 1567 el Papa Pío V con la bula Apostolicae Sedis benignitas incluyó a los mínimos dentro del grupo de las Órdenes mendicantes.

 

Los mínimos llegaron a tener una presencia muy activa en Francia y, con el tiempo, llegaron a América latina (Perú). En cambio, la Orden no llegó a establecerse en Inglaterra (aunque hubo ilustres personajes ingleses pertenecientes a ella) y tuvo un declinar abrupto tras la revolución francesa. La Orden llegó a contar con 450 conventos y casi 6.500 miembros, pero a comienzos del siglo XX sólo quedaban 19 monasterios (18 de ellos en Italia), y al iniciarse el siglo XXI había sólo 176 frailes de esta Orden en todo el mundo repartidos por 41 conventos.

 

El hábito de los mínimos está hecho de lana negra basta sin teñir, con mangas anchas, capucho y un cíngulo negro fino, de cinco nudos, para ceñirlo.

 

El fraile mínimo se reconoce a sí mismo como don de Dios, acepta su propia fragilidad y no tiene miedo de ser como es, es decir, necesitado de perfección. Así, considera que sólo quien aprende a conocerse a sí mismo puede tener un encuentro positivo con los demás, con la naturaleza y con Dios.

 

 

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